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Entrevista: la selección natural, ¿es una fuerza puramente destructiva?
Por La Penúltima Verdad
Entrevistado: Rafael Macía (médico anestesiólogo , egresado de la Maestría en filosofía, Universidad de Caldas)

Una de las dificultades perennes con la teoría de la evolución de Darwin es entender cómo un proceso aparentemente ciego y sin propósito como la selección natural pudo haber dado lugar a la enorme y fascinante variedad de seres vivos que vemos. En esta entrevista con un estudioso del tema, se abordan ésta y otras cuestiones relacionadas.

Entrevista: la selección natural, ¿es una fuerza puramente destructiva?
Ilustración por Suarezboy

La Penúltima Verdad: el geólogo Charles Lyell, que ejerció una enorme influencia en Darwin, usaba una analogía para explicar sus dificultades con la teoría de su amigo Charles Darwin acerca de la evolución de las especies. Darwin había logrado convencer a Lyell de la realidad de la evolución, es decir, del hecho de que las especies cambian, desaparecen y dan origen a otras. Sin embargo, Lyell se sentía incapaz de aceptar una de las ideas centrales de la explicación darwiniana, a saber: la selección natural. Este mecanismo era el corazón de la propuesta evolucionista de Darwin, ya que es el mecanismo básico que explica la evolución de las especies. Por eso se entiende que Darwin se sintiera frustrado al no poder convencer a su maestro y amigo.

La resistencia de Lyell fue explicada por él mismo con una analogía tomada del hinduismo. Según lo refiere Edward O. Wilson, Lyell escribió alguna vez que él podía entender que la selección natural desempeñe el papel de la divinidad Vishnu, que cumple la función de preservar, y también entendía que desempeñara la función de Shiva, una divinidad destructora. Pero, continúa Lyell con la comparación con la tríada Hindú, se declara incapaz de entender cómo la selección natural podría desempeñar la función de Brahma, que es la divinidad creadora. ¿Podría comentarnos este problema, qué tan importante es y qué piensa usted? ¿Es la selección natural una fuerza no sólo destructiva sino también creadora?

Rafael Macía: estoy de acuerdo con las ideas de Darwin, del premio Nobel François Jacob, de Theodosius Dobzhansky y de su discípulo Francisco José Ayala, de Richard Dawkins y de su eterno contradictor (hasta su muerte) Stephen Jay Gould y de filósofos y teóricos como Donald Campbell y Karl Popper. Todos ellos, y muchos más, coinciden en afirmar que la selección natural es creativa o, en otros términos, que no se limita a eliminar a los menos aptos sino que es un factor causal, aunque no el único, de la aparición de novedades en el proceso evolutivo. Y es precisamente el hecho de que sea un “proceso” lo que permite entenderlo pues si tenemos en cuenta que el éxito evolutivo es siempre éxito reproductivo, se hace claro que cada vez que la selección natural actúa como filtro (única función que le reconocen los partidarios de la selección meramente eliminativa como Elliot Sober) también deja un nuevo punto de partida diferente al del paso previo, pues sólo podrán reproducirse los que hayan sobrevivido hasta alcanzar la madurez suficiente para dejar descendencia. Ese nuevo punto de partida es distinto al de la generación anterior, pues, por decirlo de alguna manera, las cartas de la baraja con la que se juega serán diferentes y serán posibles combinaciones que antes no podían existir o tenían una bajísima posibilidad estadística de hacerlo. Se trata entonces de un proceso acumulativo en el que lo seleccionado en cada paso al abrir (y también restringir) posibilidades, crea novedades que formarán parte, a la vez, del ambiente que ejercerá presión de selección sobre las demás. Se ejerce así lo que Donald Campbell llamó causalidad reversa (downward causation) en la que los nuevos niveles de un proceso emergente ejercen efectos causales sobre aquellos de los cuales han surgido (retroalimentación). La selección natural, como escribió François Jacob, al trabajar con lo que hay en un momento dado, recombinándolo y dándole nuevos usos, muchos de ellos insospechados, hace bricolaje.

La Penúltima Verdad: nos gustaría que nos explicara el punto de vista que usted suscribe (que la evolución por selección natural tiene un carácter creativo no simplemente de eliminación, como una podadora) con un ejemplo, si eso fuera posible. 

Rafael Macía: dar un ejemplo de la evolución creadora es difícil pues yo consideraría que, desde esta mirada, toda la evolución se podría tomar como ejemplo. Sin embargo, hay unos ejemplos más claros que otros de cómo los cambios que se van produciendo, son el punto de partida de los cambios nuevos que se van a producir, modificando las cartas de la baraja, como digo yo, creando unas cartas que no existían o aumentando  o disminuyendo el número de las cartas. Por lo tanto, las manos que le tocan en cada repartición a cada especie son diferentes, de las que podrían haber existido si solamente se mezclaran o modificaran de otra manera. Uno de los buenos ejemplos, que me dicen que se muestra claramente en uno de los episodios de la nueva serie Cosmos (porque no he podido verla), es la evolución de los ojos en varias especies sin que haya necesariamente un tronco común cercano (aunque lo hay finalmente, porque toda la vida viene de un mismo tronco). Esto surge de la idea de que  la luz es alimenticia, las primeras células y los primeros organismos que aparecieron se alimentaron de luz y recursos como soluciones o electrolitos que se encontraran en el aire o el agua.

Como la luz alimenta, pero también mata (la luz ultravioleta mata la vida), había una intensa presión de selección para que los seres vivos que existían desarrollaran la capacidad de coordinar una aproximación más cercana a la luz y sobrevivieran más fácilmente que los que no podían coordinarla. Por eso lo más probable es que aparecieran placas sensibles a la luz (y todavía hay seres de este tipo, con placas sensibles a la luz), ya que ésta era la única manera que tenían para activar su alimentación; todos lo que se alimentan con luz la tienen y estas placas le permitían al ser que se movía alejarse o acercarse a ella. Después, los que tuvieron por algún motivo una placa ahuecada tenían ya un efecto de direccionalidad, porque sólo puede entrarle la luz a un hueco en cierto ángulo, en otros ángulos la luz no entra. De esta manera, el ser vivo podía orientarse y saber qué tanto se puede acercar o dónde está la luz. Esto parece indicar que el ojo surgió, en primer lugar, como una función alimenticia y sería un ejemplo del término que tanto utiliza Stephen Jay Gould: “exaptación”, que es una adaptación sobre algo que surgió, un órgano por ejemplo, para un uso muy distinto y que terminó sirviendo para otros usos adaptativos. Con el tiempo, aparecieron las lentes que enfocaban; apareció el cierre (cuando se cierra una cuneta queda como una especie de cámara oscura, como las que utilizaban los pintores del Renacimiento); se empiezan a percibir imágenes bastante nítidas de acuerdo con la distancia y con una aparición de un lente o de cualquier sustancia gelatinosa que modificara esto empiezan a producirse posibilidades de enfoque con distintos ángulos de visión, tenemos insectos con ojos facetados, por ejemplo. Esto es evolución creativa.

La posibilidad de que una cosa de estas salga, no paso a paso sino de un momento a otro, por una mutación, es tan remota que probablemente la duración de la existencia de la tierra no daría pie para que una cosa de estas se realizara; o puede ser que sucediera pero sería un absoluto “chiripazo”.

La Penúltima Verdad: en la serie Cosmos, Neil de Grasse Tyson dice que los ojos de los primates evolucionaron fundamentalmente en el agua y ésta es la razón por la cual vemos tan mal en el aire. Nuestros ojos fueron diseñados fundamentalmente para ver en el agua y  este desajuste puede ser una de las causas por las cuales hemos creado tantas herramientas para ver: existen desde lentes hasta máquinas que ven por nosotros.

Rafael Macía: sí. Toda la vida surgió en el agua y tuvo buena parte del camino de la vida en el agua. Cuando la vida surgió del agua ya había organismos sumamente complejos que salieron del agua a la tierra.

La Penúltima Verdad: ¿se supone que la vida de la tierra, en una de tantas suposiciones, debe haber comenzado en algún caldo parecido al agua, con mucho oxígeno e hidrógeno?

Rafael Macía: realmente el contenido de oxígeno era pobre en la atmósfera primitiva. Fueron las primeras plantas (las células que se alimentaban de luz) las que “envenenaron”, por decirlo así, la atmósfera con oxígeno y ésa es una de las causas a las que se atribuye el hecho de que la vida que conocemos sólo surgió esa vez y con los cambios que  produjo evitó que la vida volviera a surgir. Es posible que la vida haya hecho varios intentos, a lo largo de la historia, pero no lo sabemos. Lo que hay ahora viene de un solo intento, ya que todo está estructurado con el mismo ADN, el mismo código. Este intento fue el único que funcionó y partir de éste no ha aparecido ningún otro que sepamos ya; sería raro que encontráramos la famosa generación espontánea que Pasteur “derrotó”.

La Penúltima Verdad: la selección natural es el mecanismo de la evolución más aceptado hasta ahora, pero todavía no contamos, ni remotamente, con una explicación de cómo surgió la vida que conocemos. Es decir, cómo pasar de la química a la biología. Sin embargo (Ud. lo mencionó) la idea de la evolución por selección natural impone algunas restricciones a ese hipotético comienzo de la vida, ya sea aquí o en otra parte.

Rafael Macía: sí. El darwinismo y en general la biología evolucionista, impone ciertas restricciones. Primero, se partió de que la vida ya estaba ahí. Darwin quería saber el porqué de la variedad, pero nunca entró a argumentar sobre cómo había surgido la vida, y aceptar la teoría evolucionista impone unas condiciones especiales, porque no toda teoría va a encajar con el enfoque evolucionista. Por ejemplo, la de la generación espontánea. Si uno cree que la materia genera espontáneamente la vida casi en cualquier circunstancia, lo cual sería una especie de vitalismo, se aceptarían teorías como las de Lamarck y las de muchos otros pensadores de la época, según las cuales tendría que decirse que mientras estábamos viendo los descendientes de un tronco común, habría otros troncos surgiendo en este momento. Y siempre habrían surgido. Esta restricción sí la impone la idea de un tronco común, según la cual la vida proviene de un solo punto y esta restricción quiere decir que la vida empieza una única vez o hubo intentos previos que fracasaron y una vez la vida empieza, cambia tanto ella misma el ambiente, que el ambiente no vuelve a ser el mismo, y vuelve a ser altamente improbable, por no decir imposible, que se vuelva a generar de otro modo.

La Penúltima Verdad: ¿es algo similar a lo que ocurre cuando una especie determinada predomina mucho en un ambiente, volviéndolo inhabitable para otras especie similares?

Rafael Macía: exacto. Es imposible que otra vida surgiera, suponiendo que se dieran las condiciones para ese surgimiento, ya que las condiciones para la vida fueron completamente diferentes: la vida cambió la atmósfera.

La Penúltima Verdad: un problema de la idea de generación espontánea es que, por lo que sabemos (que es muy poco) en el universo la vida es bastante rara. Por todo lo que sabemos hasta ahora la vida es un episodio menor en términos del espacio conocido y también del tiempo.

Rafael Macía: lo que conocemos para saber si hay vida en otros planetas es muy poco, aunque conocemos mucho de los demás planetas. Sabemos, por ejemplo, que el universo está hecho en todas partes de los mismos elementos. Nunca se ha encontrado por espectroscopia que haya un elemento diferente en el resto del universo, razón por la cual sí podemos especular que la vida podría darse con los mismos elementos nuestros o con unos pocos elementos más que dan como resultado un mismo juego. Uno de estos elementos, mencionado por los escritores de ciencia ficción, es el silicio (es curioso que los computadores actuales se están fabricando con chips de silicio precisamente). Podremos tener algún día seres inteligentes no necesariamente vivos que se puedan apagar y prender; mientras que la vida que conocemos no se puede apagar. Se puede poner en suspenso hasta un poco, pero sólo eso.

La Penúltima Verdad: es decir, si la generación espontánea fuera correcta debería haber evidencia de vida en muchas más partes además de nuestro planeta. Esto teniendo en cuenta todas las exploraciones que se han hecho, que tampoco son muchas en relación con el tamaño del universo, porque no se puede llegar muy lejos.

Rafael Macía: sería teóricamente más razonable decir: son tantas las opciones de que aparezca la vida que tiene que haber aparecido en todas partes, pero ya sabemos que no es tan fácil que aparezca. Aunque podría pensarse que en circunstancias similares hay una posibilidad de que surja y está  la esperanza de Carl Sagan de que “sería un desperdicio un gran universo vacío y sin vida”. Él por lo tanto creía que la  vida debería haber surgido en otra parte. O más bien, él quería creerlo.

La Penúltima Verdad: ¿qué tanto se puede especular sobre otras posibilidades, aparte del código genético que conocemos, que es la base de la vida tal como la conocemos? Queremos conectar esta pregunta con el estatus de la biología como ciencia natural, que es la única ciencia que es bastante doméstica hasta ahora, puesto que, por lo que sabemos, sólo se aplica al fenómeno de la vida en nuestro planeta.

Rafael Macía: es una ciencia doméstica pero actualmente se convirtió en la reina de las ciencias, inclusive dentro la cultura popular. Las tiras cómicas que yo leí en mi infancia (y tengo sesenta y cinco años) eran todas atómicas o nucleares, pero ahora casi todo es biólogico: mutantes o clones. 

La Penúltima Verdad: incluso los peores temores de guerra, por lo menos en la mente de los televidentes y cinéfilos, ya no son bombas atómicas, sino que se desate una peste como el ébola o las películas de los zombies que se basan mucho en estas ideas, y otros miedos asociados a armas biológicas.

Rafael Macía: la biología, por lo menos desde un punto de vista común y popular, es la reina de las ciencias hoy y es doméstica porque los únicos seres vivos en un planeta que conocemos somos nosotros y no nos consta que los haya en otra parte.

La Penúltima Verdad: cuándo usted dice “nosotros”, ¿se refiere a todos lo seres que tienen ADN?

Rafael Macía: sí. Ahora, ¿hay posibilidades de otra cosa que no sea ADN? Parece que la hay en estructuras cristalinas. Como decía Schrödinger cuando aún no se había descubierto la estructura del ADN: la vida tiene que estar codificada en una sustancia que sea un cristal aperiódico, porque si es periódico es repetitivo y si es aperiódico puede cambiar. Cualquier cristal aperiódico en condiciones, no sé cuales, podría servir de base al código genético en teoría. Esto fue lo que Schrödinger dejó sumamente claro, y acertó, pues no sabía cuál era el cristal aperiódico, pero el ADN es uno, porque se reproduce y pueden hacérsele gran cantidad de cambios, sin dejar de ser ADN. Por eso se teoriza al respecto. 

Creo que era Cairns-Smith quien decía que se podía dar una especie de pre-cógido genético en la arcilla; lo cual sería bastante bíblico. Entonces se dio una especie de golpe de estado cuando estructuras biológicas prácticamente se montaron sobre el código de arcilla y empezaron a duplicarse ellas mismas. Estas estructuras serían prebacterias y prevegetales, eran sustancias químicas que se estaban duplicando a sí mismas. Todavía era química, no biología, pero iban camino a la biología. Él dice que es muy probable que estos cambios empezaran a hacerse entre cristales periódicos y después en miles de millones de años se fueron dando otros cambios diferentes. Pero esto sólo es pura especulación

La Penúltima Verdad: y ahora que usted menciona La Biblia, (para terminar con el tema de la primera pregunta que era la tríada de dioses hindúes), si usted ve un programa de ajedrez, éste puede superar a casi todos los jugadores humanos mediante un proceso que no es inteligente; los diseños  más maravillosos en la naturaleza y más difíciles de copiar y más difíciles de entender son logrados por un proceso ciego que no es inteligente, pero el camino de la inteligencia humana es demasiado tortuoso, por lo menos hasta donde lo conocemos: el ser humano para diseñar aparatos que vuelan ha fracasado y se ha demorado en la mayoría de los casos. 

Rafael Macía: no importa, pero lo hizo muy rápido…

La Penúltima Verdad: …pero comparados con los diseños que hay en la naturaleza, siendo un proceso ciego, los diseños son maravillosos y uno entiende, pues en tanto tiempo ha habido oportunidad de corregir y corregir. Siendo esto así, ¿qué tanto chance ve usted para la idea de una inteligencia creadora –ya que aquí es donde cifran muchos de los creacionistas que quieren aceptar la evolución su esperanza de una inteligencia superior que lo haya creado todo– en el hueco epistémico, que hay por ahora, en el origen mismo de la vida que no sabemos si se vaya a llenar?

Rafael Macía: pero eso es apelación a la ignorancia y de la ignorancia se puede deducir cualquier cosa. Los creacionistas sí se apegan a este argumento, que considero es más afectivo que racional, pero hay un argumento que utilizan más, a saber, el de la complejidad irreductible. Cuando usted encuentra unas estructuras tan complejas, haciendo cálculos de cómo podría el azar o la aleatoriedad llegar hasta ese punto, como decía alguien, sería como tirar una moneda en un basurero de aviones y que al otro día aparezca un jet armado ahí, por el empujoncito que le produjo la moneda a algún material que se encontraba ahí, desatándose una cadena y armándose un jet completo. Eso es prácticamente imposible. Pero la  respuesta es precisamente que la evolución es creativa y como es paso a paso y sobre el paso anterior se escoge, se va dando una especie de restricción a las opciones nuevas sobre lo que ya cambió antes, que ya es irrepetible y no se puede devolver, y esto va produciendo, por decirlo así, una orientación que puede ser cualquiera, no está predeterminada. Y téngase en cuenta que el 99% de esas orientaciones que se han producido han fracasado; así que lo que estamos viendo es un porcentaje ínfimo de éxitos de los cuales nosotros somos el resultado. Uno puede analizar esto como pasos de evolución creativa. Francisco José Ayala lo hizo: si uno toma una gota de las bacterias escherichia coli que no viven sino con determinados azúcares, excepto lactosa y las siembra en lactosa, se mueren todas menos un 2%. Uno saca ésas y las siembran en otra y les echan histidina (estoy inventando en este momento porque no recuerdo las cifras) que casi ninguna la usa, entonces, después como no quedan sino dos o tres o cuatro vivas y al ratico hay millones ya tiene usted, con dos mutaciones combinadas al azar, algo que nunca hubiera podido obtener. Después utiliza un antibiótico que las mata a casi todas y quedan las resistentes, y después tiene usted una colonia que con tres pasos es resistente a un antibiótico y es capaz de alimentarse con dos sustancias que en general las escherichia no usaban. Éste es uno de los ejemplos de cómo la evolución es creativa y va generando cambios sobre los que se montan los otros. En este experimento se hicieron cambios causados por nosotros de forma intencional, pero en la naturaleza también se producen  este tipo de cambios, una especie puede quedar ahí aislada y sólo sobreviven los que se alimentan con algo en específico, después viene una presión de selección sobre ésos, que son distintos a las otros, que les  obliga a extinguirse o a presentar una mutación para sobrevivir.

Por ejemplo, la vida es de una improbabilidad extrema, pero aquí está y no sabemos por qué. Y es que no hay un porqué, o no hay una necesidad de que lo haya: no tiene por qué haberlo.

La Penúltima Verdad: pero es como si la mente humana tuviera un sesgo cognitivo en el que todo tiene que tener una razón.

Rafael Macía: es que la única causalidad de la cual tenemos noción, porque la sentimos por introspección, es la causalidad intencional, de ninguna otra causalidad tenemos esa conciencia espontánea y subjetiva.

La Penúltima Verdad:  …que hacemos las cosas para producir cambios, con esa intención, como cuando movemos una mesa empujándola.

Rafael Macía: sí. Esa causalidad se siente internamente, y la sentimos así sea una ilusión. Ya que hablamos de que la causalidad no se podía probar, no hablé de las causalidades subjetivas, pero como ésa es la única que sentimos, pensamos que ésa es la única que hay. Como tenemos intencionalidad al hacer las cosas, pensamos que debería haber alguien que nos hizo a nosotros y al resto de cosas.

Éste es un sesgo absolutamente humano. Intencionalidad tienen todos los seres vivos modestamente complejos, incluso una ameba tiene una mínima dosis de intencionalidad, el problema es que no tiene memoria, entonces no puede corregir la intencionalidad con ensayos previos sino que el ensayo es permanente y vuelve y lo repite. Cuando ya hay memoria se empiezan a producir correcciones y se va  telescopando una especie de intencionalidad y se va metiendo en un panal, se va canalizando por decirlo así y ya puede aparecer la intencionalidad en un proceso que no lo tiene. El proceso no tiene intencionalidad, pero la produce y la tenemos.

La Penúltima Verdad: ¿y a un programa de computador que juega al ajedrez, usted le atribuiría intencionalidad? …porque toda su conducta la manifiesta.

Rafael Macía: tiene una intención que se le puso porque fue programado. La intencionalidad se la puso quien lo diseñó.

La Penúltima Verdad: sí, claro. Pero del hecho que sea diseñado no se sigue que no tenga intencionalidad.

Rafael Macía: pero en ese caso la intencionalidad del jugador es puesta, porque el programa está diseñado precisamente para eso. Se sabe y se puede escribir que es diseñado para esto. Ahora bien, ya cuando el programa pueda hacer cosas distintas de ganarles a los jugadores, en este caso sí puede decirse que está desarrollando intencionalidad, que puede ser un efecto lateral o secundario; no sabemos qué. Ése es otro de los argumentos típicos de las novelas de ciencia ficción.

La Penúltima Verdad: hay otra corriente de teísmo que es creacionista pero en un sentido derivativo. Por ejemplo, el compañero de Bertrand Russell, Alfred North Whitehead, y también otros filósofos, han planteado que dios va a ser, que aún no existe. Que el universo va a la creación de dios y algunos escritores de ciencia ficción lo han imaginado, por ejemplo Isaac Asimov, como una gran mente computacional.

Rafael Macía: o el minicuento de Frederic Brown: cuando en toda la galaxia se ponen de acuerdo para construir un computador gigante en cada planeta y después los enlazan y la primera pregunta que le hacen es: ¿Dios existe? Y responde: Ahora, sí. Hay unos personajes muy interesantes como Theodosius Dobzhansky, que era absolutamente teísta, él decía algo como: “yo creo que Dios creó todo esto, pero el mecanismo fue la evolución. Él creó esto y lo soltó y la evolución empezó a funcionar por sí sola porque Dios la creó así y en mi ciencia Dios no tiene nada qué hacer. Él está más allá, al principio de todo.”

La Penúltima Verdad: en los Diálogos sobre la religión natural, Hume tiene una línea famosa donde dice que este mundo puede haber sido el resultado de un dios incompetente, el invento de un dios que al ver el desastre que había hecho simplemente lo abandonó.

Rafael Macía: es que Hume estuvo a punto de pegarle a la selección natural, precisamente por eso Michael Ruse considera a Darwin como un heredero directo de la tradición humeana, y de hecho Darwin se educó también en Escocia. Si uno analiza las vidas de ambos se pueden notar muchos puntos en contacto. De manera que si concuerdan las tesis, así no lo supiera, Darwin es un humeano.

La Penúltima Verdad: como decía Willard Quine: “la condición humana es la condición humeana”.

Rafael Macía: estoy de acuerdo.



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