logo
Naturaleza humana, dominación y poder. A propósito de El señor de las moscas
Por Jorge Abel Carmona
Profesor, Universidad de Caldas

La novela de William Golding y la película inspirada en ella le sirven de pretexto al autor para señalar algunos de los rasgos más perturbadores de eso que llaman naturaleza humana.

Naturaleza humana, dominación y poder. A propósito de El señor de las moscas
Ilustración por Reptil

En un momento de  tensión política el escritor inglés William Golding publicó El señor de las moscas. Solo nueve años separaban el final de una conflagración mundial de características ominosas, como ningún conflicto padecido y desatado anteriormente. La nueva formación social representada por la Unión Soviética, fundamentada por un sistema de producción que, en sus mejores momentos, alcanzó niveles de productividad muy altos, tenía la fuerza suficiente para erigirla como la alternativa de vida, soñada incluso mucho antes por los utopistas franceses del siglo XVIII.

Una utopía antitética, al lado de grandes novelas como Un mundo feliz, de Aldous Huxley o 1984, de George Orwell, la novela de Golding nos lleva por un intrincado  mar de posibilidades que develan ese misterio de la naturaleza, con límites menos reducidos, pero en sí mismo infinito: el alma humana.

No han sido pocos los esfuerzos de la literatura por mostrarnos sociedades reales e imaginarias. Ejemplos de ello podrían citarse las obras de Balzac, que con su retrato  de las formas de consumo burgués, nos elabora un fresco del París a comienzos del siglo XIX. Y, por otro lado, novelas de ciencia ficción como ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, de Philip K. Dick, Dune, de Frank Herbert, o Fahrenheit 451, de Ray Bradbury, constituyen mundos desencantados, expoliados por la explotación indiscriminada de recursos, en donde hombres y mujeres deben vivir en condiciones de existencia permeadas por la suprema escasez.

Las adaptaciones cinematográficas de esas obras son una versión audiovisual de los argumentos de las novelas, pero es necesario tener en cuenta que, por  las características propias del medio, debemos hablar de expresiones estéticas distintas que, no obstante, pueden compararse  a la luz del argumento central, debido a que revelan lo esencial de lo que se quiere decir.

La película del director inglés Harry Hook, inspirada en la novela de Golding, nos muestra las condiciones que se generarían en una especie de estado de naturaleza, en el que los recursos deben identificarse y obtenerse como si los hombres que deben acceder a ellos, tuvieran que empezarlo todo desde el principio. En tal situación, el carácter social del hombre establece unos vínculos que reafirman su identidad como especie. Él mismo se sabe como miembro de una sociedad, al lado de otros, y que la cooperación, incluso en estado de constantes actitudes hostiles, es necesaria para la sobrevivencia.

Si hablamos de naturaleza humana estamos suponiendo de entrada que se puede afirmar una sustancia, algo que permanece independientemente de las coyunturas en las que se desencadena la vida del hombre. Si existiera, sería necesario preguntarse dónde se ubica. Algunas especialidades como el psicoanálisis hablan de una tópica, o zona del mundo psíquico, en la que se ubican los distintos componentes que lo conforman y configuran así la naturaleza humana. Tanto el inconsciente como la mente consciente se encuentran habitados por pulsiones que deben salir al exterior  con el fin de mantener equilibrada la salud de los individuos.

Así las cosas, empecemos por describir brevemente el argumento de la película.

Un grupo de niños (alrededor de 20) entre los 10 y 12 años aproximadamente, naufraga en las costas de una isla deshabitada. Inicialmente, frente a la necesidad de organizarse para obtener los recursos que les permita la sobrevivencia física, deben elegir un líder, algo que aparentemente no tiene ningún problema. Ralph, el mayor de ellos, se convierte en la persona que planifica todas las actividades, proponiendo formas novedosas de conseguir alimento, para lo que se hace necesario crear el fuego y construir lanzas para la caza de animales. Al lado de él se encuentra “Piggy”, un niño obeso que surge como la voz racional en todas las cosas que son determinantes para el futuro del grupo. Sus análisis, siempre bien argumentados, señalan el rumbo de las actuaciones entre los demás miembros del colectivo. También se vuelve una figura importante el niño que se toma la violencia como la principal de las armas para luchar contra las condiciones adversas en las que se tranzan las distintas fuerzas en conflicto. Su nombre es Jack y considera que los planes que obedecen al consenso no son los adecuados para dirigir la vida del grupo, hecho que le permite ganarse la confianza de aquellos que deciden apoderarse de los medios de producción como el cuchillo, las lanzas y el fuego, con el fin de tomarse el poder. Cuando los acontecimientos se desencadenan de manera violenta por la muerte de dos niños, finalmente son rescatados por militares que se asombran por el estado de salvajismo en que está el grupo de niños.

Podemos hablar de una situación hipotética, con características que se asemejan  a una sociedad rousseauniana, en la que la figura del niño, como un ícono de bondad e inocencia, nos muestra el carácter  incontaminado del hombre, en una isla que parece una especie de jardín edénico al que es necesario conocer para controlar. No obstante, las relaciones sociales se van desenvolviendo en condiciones de extrema necesidad. El primer factor es la satisfacción de necesidades. Esto puede sugerir que se trata únicamente de pulsiones biológicas, pero éstas vienen enmarcadas por el aprendizaje de los niños en la cultura. Los niños ya tendrían un sistema de disposiciones individuales o un conjunto de trayectorias personales, según Bourdieu, y que son suficientes para direccionar todos los comportamientos futuros.

Por la edad, Ralph opera como la figura de autoridad natural. Su ejemplo debe conducir las actuaciones de los otros, quienes lo ven como aquel que puede asumir la planeación de actividades y el control de los niños que requieran conducción. El primer acto manifiesto de organización  es el uso de la palabra, quien quiera hablar debe tomar una concha de caracol para dirigirse a los otros. Su preeminencia se fundamenta en la capacidad superior de idear para solucionar problemas. Aquello lo vemos en la utilización del cristal de las gafas de “Piggy” para proyectar los rayos del sol en unas ramas secas con el fin de crear fuego, o la distribución de tareas como la caza o la pesca.

Por otro lado, Jack comprende que es mucho mejor la utilización de la fuerza física para lograr lo que quiere. Su primer acto de rebelión es el enfrentamiento con las órdenes del jefe natural. Ni las asambleas convocadas por Ralph, ni la ordenación racional de las funciones le parecen adecuadas para la sobrevivencia. Sin embargo, sus  actividades desbordan esa pretensión inicial de lograr la preservación biológica y encuentra satisfacción en el ejercicio del poder. Con esta actitud crea la escisión, y su método es menos sutil, pues apela  a las arengas y a los sentimientos para exacerbar el ánimo de quienes deciden seguirlo. Se apodera de las lanzas, del cuchillo y de las gafas de “Piggy” para la creación del fuego. En términos marxianos se apodera por la fuerza de los medios de producción para consolidar el dominio. Con ello domina, es decir, logra la obediencia de los otros a través de una persuasión fundamentada en la turbulencia de las pasiones. Jack es un líder pragmático, que piensa rápido, de acuerdo con la imagen que tienen de él quienes lo siguen.

Como parte de su estrategia de dominación, se encuentra la indulgencia con la facción vencida a la que ya no le quedan muchos miembros. Uno de los recursos de consumo directo es el jabalí que logran cazar, del cual separan la cabeza para clavarla sobre una estaca, símbolo éste del poder que constituye su domino sobre los vencidos. La invitación a un festín es parte de su actitud de mostrarse generoso con aquellos que decidieron estar al margen del gobierno centralizado.

La expresión que divide al grupo puede catalogarse como la autoridad que se excede, hasta la violencia física sobre quienes puedan oponerse a las disposiciones de los que mandan. Vemos un fuerte sesgo autoritario en Jack. Su monopolio de los medios de producción y el uso de la violencia hablan prototípicamente de un protoestado que centraliza las disposiciones que permiten la organización de conjunto. Se requieren personas sumisas para que el líder pueda tener éxito. Aquí resultan particularmente relevantes estas palabras de Adorno:

La sumisión a la autoridad, el deseo de un líder fuerte, la subordinación del individuo al Estado, lo mismo que el convencionalismo y el conformismo, es decir, la supeditación a los elementos externos de la realidad, se debe probablemente a la incapacidad de dar forma a la autoridad interna, esto es, a la conciencia.

En el fondo, podemos hablar de un temor que se hace interno, que se generaliza en todos y cada uno de los miembros que obedecen las órdenes de un líder autoritario. El temor que se manifiesta por la necesidad de protección es la represión de deseos hostiles que deben contenerse a cambio de encontrar un refugio que permita escapar al miedo.

El medio, lleno de incertidumbres, permite el surgimiento de algunos individuos que puedan cambiar un ambiente cargado de temores, y los que encuentren algo o a algunos capaces de remediar tal situación, estarían dispuestos a respaldar a cualquiera que ofrezca un poco de tranquilidad. La necesidad de seguridad sería el aspecto central del seguimiento incondicionado a una figura autoritaria.

El miedo, podríamos decir, es un aspecto central en el direccionamiento de la vida social. Para el grupo de niños, rodeados de una gran cantidad de amenazas, la propensión a establecer relaciones que sostengan un edificio de certidumbres es algo que sustenta el flujo normal de sus vidas.

Uno de los niños, Simon, por casualidad, encuentra a una persona en una cueva. Su sorpresa es tan grande que huye del lugar para ir a anunciar al resto del grupo que hay algo que, al parecer tiene vida. El rumor se esparce por toda la comunidad. En ese clima de noticias, se empiezan a tejer versiones diversas sobre la personalidad del ser que encuentran en las entrañas del bosque. Lo apodan “el monstruo”, un algo indeterminado al que se le teme, al que se le ofrendan sacrificios y que tiene su correlato en la cabeza del jabalí sacrificado para consumir y favorecer su propia suerte, encomendándose a lo desconocido que representaría una especie de deidad. Su poder es  psicológico. Se le ofrecen rituales de veneración en los que los niños oscilan entre el deseo de conocerlo y que siga siendo desconocido.

Su figura es la expresión de un dios en ciernes, que se convierte en el responsable de aquellas cosas buenas y de hechos negativos para el grupo que, sin embargo, es merecedor de todo el respeto posible. No obstante, en su nombre se puede asesinar, como ocurre con uno de los niños que viene con una vara fluorescente en medio de la noche, mientras los otros realizan un ritual, a favor de su nuevo dios, al que le temen profundamente.

Varios de los conflictos menores surgen por el dios que adoran. El miedo mantiene un ambiente de tensión constante, fruto del cual son asesinados “Piggy”, la razón y, Simon, que simboliza la aventura y el deseo de conocer aquello que se muestra como prohibido.

En ambos encontramos el sacrificio de dos valores. “Piggy” es el individuo que encarna todo lo que queda de razonable en un mundo que se torna hostil. Para Golding, quizás es la muerte de la razón aquella metáfora que representa la vida del niño que tiene el valor de enfrentarse con las pasiones desbordadas en un estado de naturaleza hobbesiano. En plena época de guerra fría y con el reciente fin de la segunda guerra mundial, el autor nos habla de la terminación de la razón y del desfogue de los sentimientos más aterradores como los felices ganadores de la lucha por el consenso. Con todo y ello, es preferible contar con el uso de la razón que abandonarse a la violencia. La muerte de los niños es el desenlace de la excesiva irracionalidad social que se objetiva en muchos de los personajes de la película.

La conclusión de Golding sobre Dios o sobre la religión o sobre la creencia divina, puede corresponder a la expansión militar de las grandes religiones que se han vuelto dogmas impenetrables, a los que no puede cuestionárseles. A ellos no los permea la razón. El genocidio se puede justificar desde la religión y la anulación de libertades individuales puede ser parte de su actuar cotidiano. Sin embargo, también deja traslucir que es un fenómeno casi inevitable.

Si bien no todas las sociedades han desarrollado un estado centralizado, es posible encontrar formas institucionalizadas por la legitimidad de sus miembros que permiten la organización social. El control de la vigilancia, algo que se instituye después de la escisión de facciones encontradas,  o la planificación de la recolección de frutos, o la caza y pesca de animales para la alimentación, pueden concebirse como maneras planificadas de controlar la vida en comunidad.

En un ambiente hostil existen propensiones a la dominación. En ellas se van desarrollando actitudes de sumisión y control, la obediencia y el orden, un sistema de jerarquías que tiene su medio predeterminado en donde habitamos seres culturales que debemos adaptarnos a ciertas condiciones. Si bien la cultura va encauzando comportamientos, también los va generando y va creando formas de solidaridad y podría plantearse que dichos mecanismos de supervivencia permiten la regulación de todas las pulsiones que, en otras circunstancias, podrían salirse de los límites para desbordar las pasiones al máximo y hacer imposible la convivencia.

Con esta película queda abierto el interrogante sobre la existencia de una naturaleza humana, de  su constitución fundamental y de su relación con actitudes de dominación que van generando  una tipología de personalidades sociales. Esa  es la tarea que debe emprenderse, y el arte  se convierte en un valioso facilitador para el análisis político.



comments powered by Disqus