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Pienso, luego pateo perros
Por Valentina González
Estudiante de la maestría en filosofía, Universidad de Caldas

Dos de los más grandes filósofos modernos construyeron sistemas de pensamiento que servían para justificar la práctica de patear perros. La autora de este artículo señala lo absurdo de estas ideas, y plantea algunas preguntas inquietantes sobre el estatus del pensamiento filosófico.



Pienso, luego pateo perros
Ilustración por Reptil

Consideremos la siguiente historia:

Un hombre, que va paseando con un grupo de amigos, ve a una perrita embarazada, se arrodilla para acariciarla, luego se levanta y la patea muy fuerte en el vientre, la perrita chilla y sale huyendo atemorizada.

Podemos hacernos una idea sobre el protagonista de esta historia siguiendo el estereotipo: quizá  sea un hombre con poca educación o una persona que no esté en su sano juicio. Pero no. Se trata de un sacerdote, filósofo y uno de los más famosos seguidores de Descartes, el padre Nicolás Malebranche. Y pateó a la perrita como una demostración para sus amigos de la teoría cartesiana de la mente y los animales: sólo los humanos son conscientes, y los animales son meros autómatas que reaccionan por reflejo. La historia es narrada por La Fontaine quien termina el relato manifestando la postura de Malebranche sobre los animales: para él  son meras máquinas, a las que si se les toca en un lugar particular se rascan, si les silban vienen y si se les patea huyen. Según la visión cartesiana, hay un abismo metafísico entre nosotros y los animales: nostros pensamos, sentimos y, en general, somos conscientes. Ellos no. En el caso de los animales sólo hay conducta mecánica, no hay una mente.

Para comprender mejor la teoría de Descartes debemos tener en cuenta que, para él, el rasgo fundamental de la conciencia es el lenguaje creativo. Los seres humanos son mucho más que un simple cuerpo, poseen un alma de carácter divino que en su relación con el cuerpo produce el lenguaje, el cual sirve para expresar el amplio mundo interno que cada uno posee. Sin el lenguaje sería imposible saber si otros seres poseen pensamientos. La teoría cartesiana, además, plantea que los animales, a diferencia de los hombres, son sólo cuerpos que responden a ciertos impulsos, pero que, al carecer de un lenguaje creativo, no pueden tener pensamientos ni sentimientos.

También Kant tiene una postura similar sobre los animales. En las Lecciones de ética propone que los animales son cosas que le sirven al hombre para alcanzar sus fines, pero en sí mismos ellos no son fines, pues no tienen autoconsciencia. En consecuencia el hombre no tiene ningún deber inmediato para con los animales. Sin embargo, Kant va más allá y manifiesta que los hombres tienen deberes indirectos para con los animales, pues la naturaleza animal es análoga a la humana. Como ejemplo, Kant dice que si un perro ha servido a su amo por muchos años, los servicios prestados se han de considerar como análogos a los humanos, por lo que debe retribuírselos y procurarle un sustento hasta el final de sus días. De lo contrario, estaría el amo mostrando mezquindad en su espíritu.

Asimismo, Kant, nos dice que el hombre debe ejercitar su compasión en el trato con los animales, pues aquel que se comporta cruelmente con ellos llega a ser cruel con sus congéneres. Explica que es muy fácil amar y cuidar a los animales al observar su comportamiento, ya que  son muy dedicados a sus crías, las protegen y buscan su sustento. Propone Kant que al ver este comportamiento el hombre se aleja de la crueldad hacia los animales. Sugiere también que una razón para no maltratar a los animales es que ellos son parecidos a nosotros –aunque no son dignos de respeto en sí mismos, puesto que no tienen autoconsciencia— y, por tanto, al lastimar a un animal estamos irrespetando indirectamente a la humanidad.

Los problemas de esta posición kantiana, y también de la cartesiana, son vívidamente planteados por Robert Nozick en una serie de preguntas:

Si, en sí mismo es perfectamente correcto hacer cualquier cosa a los animales por la razón que sea, entonces siempre que alguien se percate de la clara línea entre animales y personas y la tenga en cuenta mientras actúe, ¿por qué la matanza de animales debe tender a brutalizarlo y hacer más probable que dañe y mate personas? ¿Cometen más homicidios los carniceros?

Las preguntas de Nozick ponen de relieve que establecemos muy naturalmente una diferencia entre los animales y las cosas: cualquiera puede notar que existen diferencias entre los humanos, los animales y las piedras, por ejemplo. ¿Pueden estas diferencias permitir que tengamos algún tipo de deber moral para con animales, más allá de los deberes indirectos propuestos por Kant?

Los argumentos de Descartes y Kant para sostener una diferencia moral fundamental entre los animales y los seres humanos adolecen de un mismo problema: implican que ciertos seres humanos deben quedar por fuera de las preocupaciones morales. En el caso de Descartes, los seres humanos que no son capaces de usar el lenguaje del modo en que lo hace la mayoría no serían personas, no tendrían mente, serían meras máquinas. En el caso de Kant, los seres humanos que no son autoconscientes no serían dignos de respeto.

Nozick critica los argumentos que proponen que los hombres deben ser fines en sí, mientras que los animales pueden ser considerados medios para otros fines. Si un humano, por el mero hecho de existir, ya posee derechos, ¿no deben los animales por el mero hecho de existir ser merecedores de un trato ético?

Frente al argumento que propone que los animales se benefician de que los hombres coman carne (puesde otro modo los animales ni siquiera existirían) Nozick plantea una analogía: supongamos que se ha implementado una ley que prohíbe a las familias tener más de un determinado número de hijos. Una familia decide desobedecer esa ley y tienen un hijo más, que será sacrificado en unos años. La justificación que dan frente a este hecho, es que el niño no hubiera existido si no hubieran quebrantado la ley, y es beneficioso para el niño existir, aunque sólo sea por un pequeño periodo de tiempo. Ya que es mejor existir, por poco tiempo, que no existir en absoluto. Es evidente en el caso del niño que por el mero hecho de existir ya posee derechos que no pueden ser violados. En el caso de los animales, Nozick cree que por el hecho de existir pueden pretender un derecho a cierto trato, y que el hecho de que hayan sido traídos al mundo, con el fin de sacrificarlos, no implica que su derecho no exista en absoluto.

La capacidad de sentir el dolor y placer es una característica mucho más básica y compartida por los seres humanos y los animales. Vemos el dolor en los ojos de los animales y no tenerlo en cuenta dice mucho de los humanos.

Para muchos de nosotros es obvio que los animales son más que objetos, son seres que sienten y se desenvuelven en su entorno de una manera que podríamos llamar inteligente. Aún más, el mismo criterio que usamos para juzgar el sufrimiento humano –i.e., la conducta de dolor— implica que los animales también sufren (es curioso que los chillidos de dolor de la perrita no eran para Malebranche evidencia de que a ella le dolió el patadón, sino todo lo contrario: según él, demostraban que la perra era sólo una máquina). Entonces ¿por qué no fue esto evidente para grandes pensadores como Descartes, Kant y sus innumerables seguidores?

Si analizamos el contexto en el que se desenvolvieron Descartes y Kant, es evidente el papel fundamental de la religión y la tradición. El hombre era el centro del universo y, por lo tanto, tenía el derecho sobre todo lo que lo rodeaba. Según la religión cristiana, Dios creó al hombre a su imagen y semejanza, y le dio la tierra para que la gobierne y a los animales para que se sirva de ellos. Esta visión hace que el hombre construya una ética antropocentrista, en la cual sólo el hombre tiene deberes para con los otros hombres, ni el ambiente ni los animales eran tenidos en cuenta.

 El caso de la visión de los grandes filósofos modernos sobre los animales es un ejemplo de cómo aunque el pensamiento filosófico suele presentarse como un cuestionamiento permanente a los prejuicios de la época, ocurre con frecuencia lo que señaló Marx: que los sistemas filosóficos son maneras sutiles de confirmar, no de refutar, las ideas heredadas, los prejuicios, los lugares comunes.




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