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La pintura y la paranoia de Dalí
Por Juan David Hernández
Estudiante de filosofía y letras, Universidad de Caldas

Una presentación de uno de los más ruidosos y al mismo tiempo brillantes pintores del siglo XX.

La pintura y la paranoia de Dalí
Ilustración por Juliana Soto

Dijo que quería transformar lo sólido en líquido, ése era su sueño para el 2001. El medio para lograrlo fue una técnica que él mismo llamó “Paranoico-crítica”. Excéntrico, concéntrico, egocéntrico, contradictorio, narcisista, anarquista, surrealista, perverso, polimorfo, metafísicamente monárquico, apolítico con indicios dadaístas por romper con todo régimen establecido en el arte moderno, antidaliano ya que creía que no podían existir dos como él, pintor, escritor y actor. El año pasado se cumplieron 110 años de su nacimiento y 25 de su muerte: Salvador Dalí.

Narciso, Eco, el mito, su belleza. El enamoramiento de sí mismo, un amor por un reflejo en el agua que en realidad no existe pero que es provocado por algo o alguien que sí. Esa dialéctica de cómo lo que no es, surge de lo que es. Ese Narcisismo que nos vuelve egoístas, un narcisismo que Irvin D. Yalom en su libro El día en que Nietzsche lloró, nos expresa con una frase que dice Más enamorados del deseo que de lo deseado. Como otros de los mitos griegos, es un tema clásico en las artes visuales: están el Narciso de Caravaggio de 1599, el de Paul Dubois (1866); Eco y Narciso de John William Waterhouse (1903); entre otros. Pero de todos ellos, hubo uno que me llamó mucho la atención, uno que era muy diferente a los anteriores. El de Dalí se llama La Metamorfosis De Narciso, pintado en 1937. Es un Narciso, como otros de los cuadros de Dalí, sacado de la pesadilla.

George Orwell llamaba la atención sobre dos rasgos característicos del pintor. Como si se tratara de una especie de Dr. Jekyll y Mr. Hyde; como si el espíritu maravilloso y genial que pinta no fuese el mismo que se muestra en los medios de comunicación y en conferencias. Dice Orwell: 

Dalí es un exhibicionista y un arribista, pero no es un fraude. Tiene cincuenta veces más talento que la mayoría de la gente que podría condenar su moral y mofarse de sus cuadros. Y esos dos conjuntos de hechos, combinados, ponen sobre la mesa una cuestión que, por falta de un acuerdo de partida, nunca se somete realmente a debate… Debemos ser capaces de tener en cuenta simultáneamente ambos hechos: que Dalí es un buen pintor y que es un ser humano repugnante.

Por otra parte, Julio Cortázar dedica una parte del libro Último Round a Salvador Dalí. Allí declara su admiración por el pintor hasta ponerlo por encima de un Picasso o de un Breton. Muestra la manera en la cual Dalí es capaz de desnudar, a la manera del más perfecto bufón de reino, la realidad de una burguesía enferma de hipocresía: 

Hay contra Dalí un horror muy parecido a esa hipocresía sádica que se disfraza de horror hacia el verdugo. Dalí trepa tranquilamente la escalera, pasa la soga por el cuello de André Breton o de Pablo Picasso, y los cuelga sin el menor remordimiento. Pero entre la multitud indignada que asiste a las ejecuciones se cuentan muchos que llevan años ahorcando a Breton o a Picasso, que los han descuartizado y quemado a fuego lento en incontables mesas de café, en tertulias valencianas o parisinas o bonaerenses, pero que se mandarían a guardar apenas alguien les pidiera que afirmaran sus opiniones. Dalí es un nuevo Sócrates por su despiadada habilidad para poner en descubierto las falencias individuales y colectivas, y también es el Cristo por su asunción desdeñosa de los pecados del mundo

Dalí era un niño supremamente tímido y caprichoso. En su libro autobiográfico Vida secreta de Salvador Dalí afirma que “Cuando era avergonzado públicamente –sin que hicieran falta grandes esfuerzos para ello– ponía en marcha curiosos mecanismos de evasión, como el de salir corriendo y braceando o incluso saltar alturas considerables para salir del trance.” Contaba en una entrevista hecha por Paloma Chamorro para la televisión española, que al ser tan tímido se masturbó por primera vez apenas a los 22 años y al hacerlo se comportó de manera histérica (como se ve, no dejó de ser un niño). Dalí mantuvo una conflictiva relación con el sexo desde la infancia, tal y como admitió en una entrevista en TV con la misma periodista antes mencionada. Sus miedos habían sido creados a raíz de ver de niño unas fotografías de los efectos de las enfermedades venéreas. Era incapaz de expresar o realizar las cosas más sencillas de la vida con naturalidad, como por ejemplo ir a cambiar un billete. A la edad de los 17 años murió su madre y su padre se casó con la hermana de su madre. 

Y la muerte de mi madre me sorprendió como una afrenta del destino, una cosa así no podía ocurrirme a mí, ni a ella ni a mí. Con mis dientes apretados de tanto llorar, me juré que arrebataría a mi madre de la muerte con las espadas de luz que algún día brillarían brutalmente en torno a mi glorioso nombre.

La relación sostenida con su padre no fue la mejor, sin que esto significara que Dalí no le tuviera gran aprecio. En Confesiones Inconfesables dice que la vida de su padre “es digna de Sófocles”. Allí también dice que, aunque su padre fue un creyente devoto, en su biblioteca fue donde Dalí se encontró con el ateísmo (“sólo encontraba libros ateos”, dice. Pero ya sabemos que no podemos creerle casi nada).

Al ingresar a la Academia de Bellas Artes en Madrid, conoció a García Lorca y a Buñuel, dos amistades determinantes en su vida. Al parecer, Lorca estaba enamorado de Dalí, o al menos le gustaba. Le escribió una oda, que dice:

o elogio tu imperfecto pincel adolescente 
ni tu color que ronda la color de tu tiempo, 
pero alabo tus ansias de eterno limitado. 
Alma higiénica, vives sobre mármoles nuevos. 
Huyes la oscura selva de formas increíbles. 
Tu fantasía llega donde llegan tus manos, 
y gozas el soneto del mar en tu ventana…

Aunque Dalí no correspondió a las insinuaciones de Lorca yse enamoró de Gala, las cartas que le escribió al poeta entre 1925 y 1936 dan algún indicio de lo que el pintor sentía inconscientemente por Lorca. Tanto Sigmund Freud como Lacan comparten la tesis que todo tipo de amistad tiene, de manera inconsciente, algún nexo libidinal; es decir, sentimos pulsiones sexuales por nuestros amigos o amigas. 

Como ya lo había mencionado, otro de los grandes amigos que influyó en la formación artística de Dalí fue Luis Buñuel. Lo introdujo en el cine, para el que Dalí escribió varios guiones. Se conocen registros de dos películas realizadas entre el cineasta y el pintor, películas que además se estrenaron en la corriente surrealista del cine. La primera de ellas es El Perro Andaluz y como toda obra surrealista, queda a la libre interpretación del espectador. En medio de esa barahúnda de imágenes, el tema unificador, si es que puede hablarse así en estos casos, parece ser la sexualidad perturbada de la mente adolescente. La otra película es La edad de oro, ésta es también surrealista. En cierta ocasión le preguntaron a Buñuel: ¿qué se debe interpretar con dicha película? A lo que Buñuel contesta “Lo que usted quiera entender”. Esto debido a la carga política que tenía en aquel entonces.

Con las siguientes palabras abrió Dalí una conferencia en Francia en 1955:

tengo especial interés en dar esta conferencia en París, ya que Francia es el país más inteligente del mundo, mientras que yo, Salvador Dalí, vengo de España que es el país más irracional del mundo, el país más místico del mundo. Como es sabido, la inteligencia no hace sino conducirnos a las nieblas del escepticismo, y su virtud principal consiste en reducirnos a coeficientes de una incertidumbre gastronómica y gelatinosa, proustiana y reblandecida. Por eso es conveniente y necesario que, de vez en cuando, españoles como Picasso y como yo vengamos a Paris para deslumbraros poniendo delante de vosotros ¡un trozo crudo y sangrante de VERDAD!.

Siguiendo con este contraste entre la razón, representada por Francia, y lo irracional, representado por España, Dalí explica y justifica su arte y su supuesta técnica paranoico-crítica. Una de las características de la técnica paranoica-crítica es poder dar una interpretación irracional acerca de los cuadros pintados por el creador de esta técnica. Una interpretación que nos permita una elasticidad de la realidad, es decir, una fantasía cortazariana donde debe entenderse la palabra ‘fantasía’ como la facultad de imaginar realidades posibles.

Otra de las características de esta técnica, consiste en lograr que cualquier objeto en estado sólido pase a un estado líquido, esto llevado a la pintura. A esto le llama Dalí: la discontinuidad de la materia, pues ésta, gracias a la física nuclear, es discontinua, es decir, que la materia puede convertirse en partículas cada vez más pequeñas, hasta quedar convertida en vacío ocupado por cargas eléctricas. Sólo para dar un par de ejemplos de la aplicación de su técnica, tenemos La persistencia de la memoria, un cuadro en el que, a través de la imagen de unos relojes en estado líquido, como derritiéndose, se sugiere la discontinuidad de la realidad, no sólo en el espacio sino también en el tiempo. Otro cuadro donde vemos la idea de discontinuidad de la materia es Gala atómica, en el que la figura de Gala está dividida en átomos. 

Por el lado de la paranoia, Dalí dice: 

A través de un proceso netamente paranoico es posible obtener una imagen doble, es decir,  la presentación de un objeto que sin la menor modificación figurativa o anatómica, sea a la vez la representación de otro objeto absolutamente distinto.

Con esto Dalí pretende prohibir cualquier interpretación no paranoica de su obra. Una prohibición que, como casi todas sus declaraciones, se anula a sí misma.



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