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Episodio 10. Tiffany y el Argumentum ad hominem y la paciencia
Por La Penúltima Verdad




La señora comete la falacia de atacar a las personas puesto que, en lugar de dar razones para mostrar que Tiffany y el embolador se equivocan, se contenta con afirmar que ninguno de los dos tiene ciertos títulos profesionales. El comentario de la señora es irrelevante puesto que, aun si es verdad que ni Tiffany ni el señor tienen estudios universitarios eso no implica que se equivoquen en lo que dicen.

Veamos una breve explicación de esta falacia:

Argumentum ad hominem. La expresión latina significa “contra la persona”, y se usa para designar un error muy común de razonamiento que consiste en que, en una discusión sobre lo que alguien ha dicho, en lugar de criticar la afirmación se cuestiona a la persona que la hace. Es un error debido a que no sirve para establecer que la afirmación en disputa es falsa o dudosa. Por ejemplo, si alguien afirma que imprimir más billetes es mala idea porque aumentaría la inflación, es un error contestarle que eso es falso porque él no ha estudiado economía. Es un error porque la verdad de la afirmación que él hizo es por completo independiente de qué títulos tenga la persona. Una manera de resaltar el error básico de esta falacia consiste en usarla pero en el contexto de las matemáticas o la física. Por ejemplo, durante el auge de Hitler en Alemania hubo gente que llegó a sugerir que toda la ciencia hecha por judíos era mala ciencia puesto que los judíos son una raza inferior. Einstein y Freud tuvieron que huir de Alemania por eso. Es tan estúpido como decir que si un colombiano suma 2 más 2 y le da 4 el resultado debe ser falso puesto que el tipo es colombiano. Todo argumento que desvíe la discusión hacia la persona del interlocutor es un caso de argumento ad hominem o ataque personal.

Ejemplos

Hay innumerables maneras de perpetrar esta falacia, y aquí pondremos sólo unos pocos ejemplos comunes: “Su opinión sobre el tema del aborto es irrelevante, después de todo usted es un hombre y nunca podrá quedar en embarazo”; o: “Basta considerar la forma en que vive una persona atea, en el libertinaje, el vicio y el desorden, para ver cuán equivocado es el ateísmo”; o los simples insultos como: “Es usted un estúpido y nada que provenga de un estúpido merece ser tenido en cuenta”.

Cómo enfrentarla

Cuando uno es la persona atacada puede contestar fácilmente: “Usted ha probado algo que todos sabíamos: que soy ignorante e incompetente. Pero usted no ha probado que mi afirmación es falsa, todavía nos debe un argumento”.

 



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