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Diagnóstico errado: no todo ataque a la persona es un caso de falacia
Por La Penúltima Verdad


El pasado 16 de septiembre se adelantó en el Congreso de la república un debate sobre los posibles vínculos de Álvaro Uribe con el paramilitarismo. Como era de esperarse, se desató una áspera disputa entre los bandos en liza. El profesor de la Universidad Nacional de Colombia, Mauricio García Villegas, en su columna de El Espectador, ofreció un diagnóstico lógico del debate, consejo incluido. En pocas palabras, el profesor García sostiene que el problema lógico fundamental de la discusión es que discurrió por los rieles de la falacia de argumentación ad hominem. En un momento, el profesor dice: “El debate en el Congreso era sobre paramilitarismo, pero terminó convertido en un intercambio de agrias acusaciones recíprocas”. Invita entonces a los parlamentarios para que intenten, en lo sucesivo, debatir sobre las ideas y no sobre las personas.

La expresión latina ad hominem significa “contra la persona”, y se usa para designar un error muy común de razonamiento que consiste en que, en una discusión sobre lo que alguien ha dicho, en lugar de criticar la afirmación, se cuestiona a la persona que la hace. Se trata de una falacia, o error de argumentación, debido a que no sirve para establecer que la afirmación en disputa es falsa o dudosa. Por ejemplo, si un sujeto afirma que la emisión de dinero por parte del gobierno causa inflación, es un error contestarle que eso es falso porque él no ha estudiado economía. Es un error porque la verdad de la afirmación que él hizo es por completo independiente de qué conocimientos tenga él. 

Aquí se ve por qué el profesor García yerra el tiro. En pocas palabras, se trata de que una crítica directa a una persona puede constituir un caso de falacia de argumento ad hominem pero sólo dependiendo del contexto. Por ejemplo, si lo que se está discutiendo es la calidad moral de un individuo, o su aptitud para un cargo, en esos casos no puede ser que criticar a ese individuo sea una falacia sólo porque sea un ataque personal. 

Es decir, el profesor García se queja porque en un debate acerca de unas personas se discuta sobre personas. Si lo que se discute es si un individuo es un asesino, no tiene sentido pedir que por favor debatamos sobre ideas y no sobre personas. En resumen, el profesor García se equivoca al acusar a los polemistas de cometer la falacia de argumentación ad hominem.

Sin embargo, en otro momento el profesor identifica correctamente un error de razonamiento que se dio en ese debate y que es muy común. Es una variante de la falacia de argumento ad hominem, y vale la pena comentarla con algún detalle:

La falacia típica de muchos políticos es un expediente que se conoce como “recurso al tu quoque” (la expresión latina significa “tú también”, como en la famosa exclamación que lanzó Julio César, agonizante, al ver que quien le iba a asestar la puñalada definitiva era su hijo adoptivo, Bruto: et tu quoque Brute fili mi -¿tú también, Bruto, hijo mío?). En pocas palabras, la falacia de recurso al tu quoque consiste en que, ante una acusación, uno responde acusando a su vez al contrincante. Es decir, a uno lo acusan de algún acto vergonzoso o delictivo y, en lugar de contestar a la acusación, uno dice que el acusador más su mamá más todo el mundo son también delincuentes. Es un error lógico porque se supone que uno como acusado debe desestimar los cargos. Si la conclusión que uno quiere apoyar es que uno es inocente, no se aporta ninguna evidencia diciendo que los demás son delincuentes. 

Pero no sólo se puede cometer tu quoque en la circunstancia de contestar a una acusación. En general, incurre en esta falacia quien, en lugar de mostrar la falsedad del punto de vista que pretende atacar, se concentra en mostrar que las personas que lo plantean son incoherentes. 



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