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Malas compañías: refutación por asociación
La Penúltima Verdad


Esta táctica de argumentación es muy común en política y en debates públicos. Consiste en señalar que determinada tesis que queremos rechazar ha sido sostenida por un personaje con muy mala reputación. Uno de los personajes favoritos a este respecto es Hitler: basta con sugerir que un punto de vista que se discute era mantenido por el gran monstruo nazi para que se produzca una suspicacia general sobre esa idea. Un ejemplo es el siguiente diálogo entre el gobernador Hardin (del partido republicano de los Estados Unidos), y el profesor David Gale en la película de Alan Parker La vida de David Gale (2003). El diálogo corresponde a una escena en la que ambos personajes tienen un debate en televisión sobre la pena de muerte (desde luego, el gobernador a favor y Gale en contra):

Gobernador Hardin: Odio el asesinato y mi administración matará para detenerlo.

David Gale: Pues, gobernador, la ejecución no disuade a los asesinos. No los disuade y usted lo sabe. Se han hecho más de 200 estudios sobre eso y todos concluyen lo mismo.

Gobernador Hardin: Debería leer su Biblia. Deuteronomio 19:21, “Ojo por ojo, diente por diente”.

David Gale: ¿Qué dijo Gandhi sobre esto? “La vieja ley del ojo por ojo nos deja a todos ciegos”.

Gobernador Hardin: Lo lamento pero es una idea liberal, David.

David Gale: ¿Realmente lo cree?

Gobernador Hardin: Por supuesto.

David Gale: Así que lo que usted opina es esencialmente lo que dice esta cita: “una sociedad sana debe hacer cualquier cosa para librarse del mal”.

Gobernador Hardin: Sí, tendría que decir que sí. ¿Yo también dije eso?

David Gale: ¡Oh!, no señor. Fue Hitler.

Es un error lógico debido a que el asunto de si determinada afirmación es verdadera es independiente de la cuestión de quiénes han suscrito dicha afirmación. Sin embargo, en política es un recurso retórico muy efectivo. Dado que la política es, en parte, un asunto de asociación, que una propuesta o idea haya sido defendida por un bando claramente opuesto al de uno hace que comencemos a sospechar casi automáticamente de las bondades o la verosimilitud de dicha idea. Así, entre individuos de derecha, mostrar que una idea proviene de Lenin es una manera de plantar dudas sobre la idea; y viceversa: en grupos de izquierda, mostrar que una tesis fue defendida por Margaret Thatcher es comenzar a desacreditar la idea. Un ejemplo reciente en Colombia lo ofrece Eduardo del Río Amador quien, en un artículo en el que cuestiona al senador de izquierda Jorge Enrique Robledo, comienza citando unas palabras en contra de ciertos tratados de comercio internacional. Luego dice que esas palabras describen perfectamente la posición de Robledo. Para señalar a continuación que no fueron dichas por Robledo sino por un senador del Tea Party de los Estados Unidos (un partido de derecha tan alejado del centro como sea posible). Al articulista le parece que eso es suficiente, y pasa entonces a otra cosa.

Es instructivo hacerse esta pregunta: ¿qué figura política o histórica nos repele tanto que el solo hecho de que esa persona haya dicho algo nos impulsa a dudar de esa afirmación?

Una forma eficaz de contestar a este tipo de falacia consiste en mostrar que el personaje que se está citando también dijo cosas verdaderas que son irrelevantes para la discusión. Por ejemplo: "Hitler también creía que dos más dos es cuatro y que las madres tienen hijos. Si Ud. quiere que dudemos de eso también, hagámoslo").

Nota: la otra cara de esta falacia –a la que Jamie Whyte llama Refutación por asociación- es el intento de apoyar una idea mostrando que ha sido suscrita por un personaje histórico con buena fama. Einstein es quizá el favorito en este caso. Los creyentes dicen que el gran físico creía en Dios y pretenden que eso es una razón para pensar que Dios existe. Algunos ateos, por su parte, se esfuerzan en mostrar que él nunca dijo lo que los creyentes le adjudican. Esta forma de argumento que intenta apoyar una tesis citando alguna autoridad, se conoce como argumentum ad verecundiam, o argumento de autoridad. Y será el tema de una próxima nota en el quirófano.



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