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El todo y las partes
Por La Penúltima Verdad


Las relaciones entre las cosas y sus componentes son endiabladamente difíciles de entender. Ése es un tema perenne de la metafísica, la ciencia y la charla de café: desde los tortuosos razonamientos de Platón acerca de las ideas y su realización hasta la disputa de dos hinchas de fútbol sobre por qué un equipo juega mal aunque esté lleno de estrellas, un problema básico es que las relaciones entre una entidad y los materiales de los que está hecha nos son desconocidas.

Las falacias de las que nos ocuparemos en este momento también se relacionan con este problema. La primera se conoce en la literatura como “Falacia de composición”, y consiste en atribuir a una totalidad características que sólo tienen las partes. Por ejemplo, pensar que, porque un equipo de fútbol tiene a los mejores jugadores, entonces el equipo también será el mejor o uno de los mejores. Como lo saben millones de hinchas y todos los técnicos, la realidad, ¡ay!, no funciona de esa manera.

Una forma simple de captar el error consiste en considerar ejemplos en los que una propiedad que el conjunto o la totalidad no podría tener, sí la tienen en cambio sus partes. Por ejemplo, el conjunto de las cosas rojas no es también rojo.

Del mismo modo, la conducta de una totalidad podría manifestar características de las que carecen sus partes. Por ejemplo, un país puede tener propiedades o rasgos de los que carecen sus habitantes: un país puede ser muy rico aunque la mayoría de sus miembros sean muy pobres. Por eso, concluir que un país es pobre porque sus habitantes son pobres es un error lógico: es cometer la falacia de composición.

Un caso reciente e interesante es el del gobierno boliviano liderado por el presidente Evo Morales. En el sentido típico de la palabra, Morales no se destaca por ser un individuo inteligente ni ilustrado (él mismo lo reconoce abiertamente). En cuestiones económicas, la ignorancia de Morales es proverbial. Sin embargo, el manejo económico de su gobierno ha sido ejemplar y ha recibido incluso el elogio de periódicos como The Wall Street Journal, que es el órgano oficial de lo que puede llamarse la derecha económica en el mundo, mientras que el gobierno de Morales es francamente de izquierda.

Es un error mucho más común de lo que se cree. Por ejemplo, argumentos tan populares como: “la guerrilla no tiene ningún proyecto político dado que los guerrilleros son campesinos semi analfabetos que ni siquiera han leído a Marx”, cometen la falacia, porque asumen equivocadamente que una totalidad no puede tener características de las que carezcan sus partes.

(Es usual confundir esta falacia con otra que se llama “Generalización apresurada”, pero es bueno mantener la diferencia. Luego dedicaremos varias entradas a las falacias de generalización, pero por el momento basta con señalar que una generalización apresurada se produce cuando uno extrae una conclusión general a partir del conocimiento de muy pocos casos. Por ejemplo, si a partir de una encuesta realizada en internet uno extrae conclusiones acerca de lo que piensan todos los colombianos, está cometiendo el error de generalizar precipitadamente, puesto que la muestra de ciudadanos que opina en internet no es representativa de toda la población. La diferencia entre la generalización apresurada y la falacia de composición es que en esta última el error no estriba en que la evidencia sea insuficiente para generalizar, sino en que atribuimos equivocadamente una característica que sólo tienen las partes, al todo.)

El error que ocurre en sentido contrario a la falacia de composición se conoce como “Falacia de división”. Consiste, simplemente, en atribuirles a las partes las características del conjunto. Por ejemplo, concluir que un individuo es rico porque es ciudadano de un país rico. O concluir que Evo Morales es un gran conocedor de la economía porque su gobierno ha tenido un manejo económico sobresaliente. Aquí la suposición falsa es que las partes de un conjunto tienen que tener las mismas características que tiene el conjunto.

La mejor forma de detectar y combatir las falacias de composición y división consiste en hacerse dos preguntas cada vez que examinemos un razonamiento en el que están involucradas entidades que tienen partes o miembros: i) ¿la característica que estamos discutiendo la pueden tener tanto el conjunto como sus partes?; y ii) en este caso específico, ¿cuál es la evidencia para suponer que la característica en cuestión realmente la tiene el conjunto o las partes? Tener claras ambas cosas ayuda a desenmascarar la falacia. Pero, como siempre, no hay una fórmula.



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