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Las falacias del papa y la libertad de expresión
Por La Penúltima Verdad


Como hemos visto en varias ocasiones, las falacias, como dice Hamlet de las penas, no llegan solas: vienen en batallones. Es usual que en una breve declaración uno cometa varias al mismo tiempo. Por ejemplo, la apelación a la autoridad es también un ejemplo de ignoratio elenchi. El caso que comentaremos hoy es interesante porque mezcla varios sofismas en una declaración muy breve. Dado que la figura que lo perpetró es muy influyente, es interesante considerar sus declaraciones con algún detalle.

Para empezar, como verán nuestros amables lectores, el personaje de cuyas declaraciones hablaremos comete, en primer lugar, la falacia de petición de principio. En un contexto en el que se está discutiendo acerca de si debe permitirse la expresión de opiniones despectivas hacia la religión, el papa simplemente afirma: “no se puede”. Consideremos brevemente lo que dijo:

El pasado 15 de enero el papa Francisco dio una rueda de prensa en el avión del Vaticano —mientras viajaba de Sri Lanka a Filipinas. Allí se refirió a los asesinatos de los caricaturistas y periodistas del semanario Charlie Hebdo y, al comienzo, dijo cosas que parecían implicar repudio por el atentado. Sin embargo, introdujo el típico ‘pero’ para decir:

Creo que los dos son derechos humanos fundamentales, tanto la libertad religiosa como la libertad de expresión… Si un amigo mío dice una mala palabra de mi mamá, puede esperarse un puñetazo. ¡Es normal! No se puede provocar —añadió— no se puede insultar la fe de los demás. No se puede burlarse de la fe. No se puede.

El papa también comete aquí otra falacia que se conoce como falsa analogía. En pocas palabras, dicha falacia consiste en hacer una comparación inadecuada debido a que se omiten aspectos que impiden equiparar los dos términos de la comparación. En el caso del papa, comete el error al equiparar un insulto a su madre de él con una burla de una doctrina religiosa. Burlarse de cualquier doctrina o iglesia no es insultar a una persona en particular. Aún más, hay una diferencia importante entre burlarse de una persona viva o que tiene parientes vivos y burlarse, por ejemplo, de la diosa Afrodita. Finalmente, el papa parece cometer la falacia de apelación a la fuerza. Siguiendo con la analogía, el puñetazo que él promete en sus declaraciones es equiparable a las reacciones violentas de los creyentes en contra de quienes se burlan de la fe. De tal modo que estaríamos ante una suerte de amenaza velada: “si pretendes ridiculizar nuestras creencias puedes esperarte, al menos, un puñetazo”.

Esto por lo que respecta a la lógica y las falacias del papa. Pero es interesante detenernos en otro punto que, aunque no es estrictamente una falacia, sí tiene un aspecto lógico. Se trata de que, al exigir respeto por sus doctrinas religiosas, los creyentes están usando un doble rasero o, en otras palabras, están siendo incoherentes: dado que la mayoría de las doctrinas religiosas son ofensivas con respecto a muchas prácticas y personas, que sus representantes exijan respeto por dichas doctrinas parece una inconsistencia. Esto se ve más claramente si consideramos la relación entre la libertad religiosa y la libertad de expresión.

El papa parece equivocarse al tratar la libertad religiosa y la libertad de expresión como dos libertades distintas y posiblemente opuestas. Si alguna institución o práctica necesita desesperadamente la libertad de expresión es la religión y, sobre todo, la cristiana y, sobre todo, el grupo católico que él comanda.

Las religiones, en particular las principales religiones monoteístas, tienden a decir cosas insultantes sobre las mujeres, sobre los esclavos, sobre casi todo el mundo. Esto tiene una explicación lógica: las religiones monoteístas tienden a basarse en la idea de que somos seres impuros, degradados, viles por naturaleza y que necesitamos la religión para alcanzar una perfección que sólo existe en tales doctrinas. Por ejemplo,  consideremos brevemente la religión cristiana.

Refiriéndose al comportamiento de las mujeres en las reuniones de cristianos, dice San Pablo en la primera carta a Timoteo:

La mujer oiga la instrucción en silencio, con toda sumisión. No permito que la mujer enseñe ni que domine al hombre. Que se mantenga en silencio. Porque Adán fue formado primero y Eva en segundo lugar. Y el engañado no fue Adán, sino la mujer que, seducida, incurrió en la transgresión.  (2: 11-14).

Según la doctrina que predica el papa que defiende a su madre a puñetazos: la de él y las de todos deberían comportarse como bobas. Alguien podría encontrarlo al mismo tiempo ridículo y ofensivo. Sería interesante oír una buena razón de por qué no debería uno burlarse de la gente que hoy en día pretende que nos tomemos en serio a San Pablo.

Sigamos con él. Dice Pablo en la misma carta:

Todos los que estén como esclavos bajo el yugo de la servidumbre consideren a sus dueños como dignos de todo respeto, para que no se blasfeme del nombre de Dios y de la doctrina. Los que tengan dueños creyentes no les falten al respeto por ser hermanos, sino al contrario, que les sirvan todavía mejor por ser creyentes y amigos de Dios los que reciben sus servicios. (Primera a Timoteo, 6: 1.)

Para terminar, el catolicismo. Estamos hablando de una institución que quemó vivas a miles de personas por delitos tan ridículos e indemostrables como hacer pactos con el diablo. Hizo retractar a Galileo so pena de tortura, por haber dicho que la tierra se mueve. Pidió perdón 359 años después por boca de Juan Pablo II, ocasión en la que además rehabilitaron a Galileo diciendo que sus afirmaciones no fueron blasfematorias (hace un par de años, sin embargo, en la Universidad Católica de Manizales se realizó un encuentro en el que hubo una conferenciante que decía que en el “debate” con la iglesia Galileo se equivocó. Esta idea puede encontrarse fácilmente en Internet en sitios que siguen expresando veladamente la opinión de muchos católicos al respecto: que Galileo recibió su merecido). A Giordano Bruno, en cambio, como no quiso retractarse, lo quemaron vivo. En 2000, 400 años después, un representante del Vaticano pidió perdón por la quema de Bruno, pero no lo rehabilitaron. Esto significa, en pocas palabras, algo como: “perdón, nos excedimos al quemarlo. Pero era y sigue siendo un hereje”. Perdón, pero el espectáculo es estúpido y da risa.

Está muy bien que la gente crea y diga cosas religiosas ofensivas (perdón por la redundancia). Por eso mismo, está muy bien que otros se burlen de esas creencias y ofendan a los creyentes.

Al sugerir que el respeto por las opiniones religiosas es un límite para la libertad de expresión el papa detona un petardo que estalla en sus propios zapatos: los que más necesitan una libertad de expresión ilimitada son los creyentes religiosos que predican a los cuatro vientos doctrinas ofensivas y absurdas. En pocas palabras, si el papa Francisco quiere golpear a quienes insulten a su madre, debería comenzar por el espíritu santo.



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