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¿Dónde están tus argumentos? Desplazar la carga de la prueba
Por La Penúltima Verdad


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En una entrada anterior comentamos la falacia de desplazar la carga de la prueba. Por estos días, con motivo de una iniciativa del recién electo alcalde de Bogotá, este error de argumentación ha mostrado toda su vitalidad.

El asunto, en pocas palabras, es el siguiente: Enrique Peñalosa, alcalde de Bogotá, quiere modificar el uso del suelo de una zona de la sabana de Bogotá conocida como reserva Thomas Vander Hammen (en recuerdo de un geólogo holandés que trabajó y murió en Colombia). Lo que busca el alcalde es que los organismos encargados de la protección ambiental remuevan la actual restricción que impide construir viviendas en dicha zona.

En este caso se cumplen las condiciones básicas para reclamarle al alcalde que ofrezca la evidencia necesaria en favor de sus afirmaciones (que su proyecto urbanizador no causará un daño ambiental, que no va en contra del interés público en materia de medio ambiente, etc.), ya que es él quien está proponiendo una revisión de una decisión. En pocas palabras, es él quien tiene la carga de la prueba.

Sin embargo, en varias ocasiones parece que él piensa que son sus opositores quienes tienen la carga de la prueba y, de hecho, como se ve en el video vinculado a esta entrada (que corresponde a una intervención en la Universidad de los Andes), pide que le muestren los estudios o los casos en los que se prueba que es conveniente tener zonas verdes entre municipios. También afirma que no hay una diferencia entre los terrenos de la reserva y el resto de zonas de la sabana de Bogotá que no están protegidas y que, por tanto, la prohibición para construir en los terrenos de la reserva no está justificada. 

En ambos casos el alcalde parece cometer la falacia de desplazar la carga de la prueba: dado que es él quien está cuestionando las razones para proteger esos terrenos, no son sus opositores quienes deben aportar estudios o evidencia en contra. Es él quien está obligado lógicamente a aportar las razones que justifiquen sus aseveraciones. De hecho, para realizar su iniciativa, él debe pedirle a las entidades encargadas de la protección ambiental que revisen su propuesta, y debe acompañar la solicitud de la evidencia necesaria para justificar la revisión que plantea. 

Nada de esto implica que la propuesta del alcalde Peñalosa sea equivocada o que no tenga razón en las demás cosas que dice. Implica que hasta el momento ha recurrido al menos dos veces a una falacia que en los estrados judiciales ha sido identificada hace tiempo como una violación al debido proceso. En el derecho, la falacia que estamos considerando recibe el nombre de Probatio diabólica (prueba diabólica). El caso típico era el de los tribunales de la inquisición, en los que al acusado se le exigía que probara por fuera de toda duda que no tenía pactos con el demonio o cualquier otra estupidez por el estilo. Por fuera del contexto jurídico, se comete la falacia, como hemos visto, cada vez que quien tiene la carga de la prueba por la situación en que él mismo se ha puesto, intenta desplazarla poniéndola sobre los hombros de su opositor.

La forma más fácil de combatir esta falacia consiste en recordarle a quien la comete que es él quien tiene que aportar la evidencia que justifica sus afirmaciones o peticiones, y no quienes dudan de las mismas. En pocas palabras, volver a ponerle encima la carga que él quiere soltar.



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