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Estás conmigo o contra mí. Falso dilema
La Penúltima Verdad


Consideremos este tenebroso episodio de la serie El Patrón y Bocadillo:

Aquí El Patrón usa un recurso de pensamiento muy extendido: el dilema o dicotomía. En pocas palabras, un dilema es la propuesta de que sólo existen dos opciones y, además, que estas opciones se excluyen la una a la otra: si se da la primera, es imposible que se dé la segunda, y viceversa.

Resumamos el argumento de El Patrón de forma lógica.

Primera premisa: El que no está conmigo está contra mí.

Segunda premisa. Yeison no quiere estar conmigo.

Conclusión: Por tanto, Yeison está en mi contra.

Desde el punto de vista lógico, este argumento es válido. Es decir, la conclusión se desprende de las premisas (eso es lo que quiere decir la expresión “argumento válido”: un argumento en el que la conclusión se sigue necesariamente de las premisas). Sin embargo, el argumento tiene un defecto grave, a saber: la primera premisa es falsa. Es falsa porque plantea sólo dos opciones, cuando hay más. La indiferencia, por ejemplo. Un indiferente no está con uno, cierto, pero tampoco está contra uno (quizás el pobre Yeison era indiferente. Si no lo era, ahora ya lo es). 

Para terminar, consideremos los requisitos que debe cumplir un dilema para ser verdadero y razonable.

Las condiciones para que un dilema sea verdadero son dos:

i) sólo deben existir dos opciones relevantes. Si hay una tercera opción, el dilema es falso. Por ejemplo, en el dilema: “Hitler está vivo o muerto” se cumple este requisito, ya que entre esas dos opciones, interpretadas literalmente, no hay alternativa. El dilema de El Patrón es falso porque no cumple este requisito.

ii) Las opciones deben excluirse mutuamente, es decir, si se da una, automáticamente la otra queda descartada. De este modo, si las dos opciones planteadas por el dilema pueden darse simultáneamente, la dicotomía planteada es falsa. El ejemplo de Hitler cumple este segundo requisito y, por tanto, es un caso de dilema verdadero.

Además debe darse una tercera condición para que el dilema sea razonable o aceptable:

iii) El dilema debe ser obvio o autoevidente (como en el ejemplo de Hitler) o, si no, deben darse razones independientes para creer que el dilema es verdadero. Es decir, no basta con afirmar simplemente que esas son las únicas opciones y que son mutuamente excluyentes. Debe argumentarse de manera independiente que se dan las condiciones i) y ii). Por ejemplo, un político sorprendido en delitos de corrupción dice (como de hecho lo hacen a menudo) que no había otra forma de salvar el país. O compro votos, o el país se va al abismo. Este dilema no sólo parece falso, sino que es gratuito: la persona no nos ha dado ninguna razón para pensar que sólo hay esas opciones.



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